domingo, 8 de julio de 2012

EL VALOR SIMBÓLICO DE LAS FECHAS.



El reciente comportamiento de Hugo Moyano, realizando un paro en el día de la Bandera Argentina, y convocando a otro para el mismo día que La CGT hiciera un paro al gobierno de Isabel Martínez de Perón el 27 de junio de 1975 - que produjera días después la salida del ministro de economía, Celestino Rodrigo y luego la del ministro de Bienestar Social José López Rega - de modo tal de evocar en la memoria colectiva el momento histórico anterior y los resultados de aquél, nos permite introducirnos en un tema poco tratado, que es el del valor simbólico de las fechas.

Con anterioridad hemos expresado - siguiendo textualmente al fallecido compañero Claudio Díaz - que la globalización, mundialización del gran capital, impuesta por las corporaciones transnacionales intenta sentar las bases de un nuevo orden imperial, que con la eliminación de la figura del Estado - Nación, pretende organizar económicamente al planeta como una unidad de producción exclusiva de modo tal que países como el nuestro cumplan el rol de proveer materias primas y recursos energéticos dejando a las grandes potencias la función industrial.(1) Este nuevo orden no resulta otra cosa que el viejo imperialismo que ya en el siglo dieciocho llevó adelante el reino de la gran bretaña, a lo que dedicaremos un próximo artículo.

El capital financiero transnacional se vale, en la búsqueda de la eliminación del Estado Nación, de los recursos instrumentales de la guerra psicológica que - a través de objetivos disgregadores - consiste en provocar desánimo o derrotismo, rebajando la moral de los miembros de un grupo con el objeto de reducir su fuerza, no siendo la moral otra cosa que el coraje que existe en determinados grupos de personas unidas por vínculos comunes y que tienen confianza en sus jefes.

Se trata entonces de destruir los vínculos comunes y estructuras objetivas que fundan la nacionalidad.

En la construcción de la nacionalidad y la identidad nacional el Estado, para unificar lo diverso, entre otros recursos se vale de los actos conmemorativos de las ‘fechas patrias’ respecto de las cuales su objetivo general es fomentar el sentimiento de pertenencia (2). Las fechas patrias constituyen procesos de activación de referentes simbólicos y mecanismos de apropiación significativa del patrimonio cultural intangible (3).

En el mismo origen de la palabra símbolo encontramos lo expuesto ya que proviene de symbolum señal para reconocerse y este del griego donde significaba juntar, hacer coincidir. Jean Marie Domenach en su obra sobre la propaganda enseña que los símbolos tienen una significación profunda como si poseyeran el poder reunir de por si grandes masas en torno de ellos en una suerte de culto ritual (4).

La construcción de un sentido de pertenencia a nivel nacional, hace posible que una sociedad suponga una continuidad con el pasado y proyecte un destino en común, es decir que constituya una nación.

La idea de nacionalidad ha sido y continúa siendo un significante que aglutina a los sujetos sociales; de ahí que su conservación resulta esencial en un mundo globalizado en el cual, como explica el autor antes citado, las grandes potencias pretenden imponer a través de la penetración cultural sus propios valores e instituciones, los que - si bien constituye una verdad de Perogrullo – permitirán la consolidación de un sistema neocolonial en el cual los recursos serán depredados en beneficio de la banca financiera transnacional.

Pues bien, si las fechas patrias constituyen un elemento de conformación de la nacionalidad, la destrucción de su valor simbólico forma parte del arsenal de objetivos disgregadores que los enemigos del país tienen en miras. Así lo explica Domenach para quien en la guerra psicológica y a través de la propaganda se busca herir en lo que el adversario tiene de más querido y atento que los símbolos se encuentran dotados en si mismos de potencia, constituyen un objetivo a demoler (5).



La fecha nos habla del valor de una acción pasada (libertad, patriotismo, honor) y el modo de destruir su capital simbólico está dado por privarlo de las connotaciones positivas que aquellas tienen. La historia argentina demuestra que existe una inteligencia, comprendida como la organización secreta de un Estado para dirigir la conducta y comportamientos de los restantes estados, operando con dicho objetivo siempre entre bambalinas y digitando a los actores que aparecen en el escenario.

Una primera aproximación al tema nos llevará a analizar la instauración durante el final del gobierno de Alsonsín y luego durante el de la rata, es decir con el avance y apogeo del neoliberalismo, de los denominados feriados móviles, los que no hacen sino restarle valor simbólico a las fechas, ya que aquellas dejan de evocar las gestas, valores y hombres de la patria para convertirse en nada más que un día feriado y se las reduce a recordaciones intrascendentes.

El 28 de abril de 1988 el Congreso sancionó la ley 23.555 por la cual se estableció que los feriados nacionales obligatorios cuyas fechas coincidieran con los días martes y miércoles serían trasladados al día lunes anterior y los que coincidieran con días jueves y viernes serían trasladados al día lunes siguiente. Se exceptuaba de ello los feriados nacionales correspondientes al Viernes Santo, 1 de Mayo, 25 de Mayo, 20 de Junio, 9 de Julio, 17 de Agosto, 8 de Diciembre, 25 de Diciembre y 1 de Enero. Posteriormente el 23 de diciembre de 1994 por ley 24.445 se disponía que los feriados nacionales del 20 de junio y del 17 de agosto, serían cumplidos el día que correspondiera al tercer lunes del mes respectivo. Interesante es saber que el proceso de instauración de los feriados móviles se vivió en la generalidad de los países del continente con la avanzada del consenso de washington, lo que permite comprender que se trata de un elemento estratégico y no casual.

Pero no solo se trata de destruir el valor simbólico de las fechas patrias sino de todas aquellas que puedan implicar un peligro para el esquema neocolonial que se pretende imponer. Un ejemplo claro lo encontramos en el 17 de octubre que

por ser una fecha cara a los peronistas nos toca de cerca. Esta fecha conmemora el valor de la lealtad con motivo de la liberación del Gral. Peron, preso en Martín García por parte de Farrell y cia., en razón del incontenible apoyo y compromiso para con aquél por parte de sus seguidores. Pues bien, cuando el caballo de Troya riojano asumió el poder, en el segundo 17 de octubre que le toco presidir firmó el decreto 2184/90 (Decreto Antihuelgas) que establecía que cuando el Ministerio de Trabajo tomara conocimiento de la existencia de un conflicto de trabajo de su competencia, debía proceder a determinar, por resolución fundada, si afectaba total o parcialmente algún servicio calificable de esencial, según el criterio fijado en su artículo 1º, pauta que no se adecuó, por su laxitud excesiva, a las reglas habituales y al concepto internacional de servicios esenciales suprimiendo en gran parte el derecho de huelga (6). La finalidad de suscribir la medida en dicha fecha resulta clara a la luz de lo expresado supra ya que el decreto podía haber sido firmado un día antes o un día después: no lo fue, se firmó el mismo miércoles 17 de octubre de 1991. Se trataba de destruir los símbolos y valores (la lealtad y al peronismo como doctrina en este caso) mediante la asociación de la fecha, por parte del pueblo, a un momento triste y doloroso (la pérdida de derechos laborales y la destrucción de la doctrina del Gral. Perón).

Otro ejemplo lo encontramos en la Guerra de Malvinas contra la armada inglesa, en la batalla de Darwin-Goose Green o Darwin-Pradera del Ganso, en la cual el ejército Argentino fue sometido y obligado a rendirse el día 29 de mayo, que no es otro sino el “Día del Ejército Argentino” es decir en el día en que el Estado Argentino conmemora la creación, en idéntica fecha pero del año 1810, de los cuerpos militares estables. La fecha conmemorativa fue establecida por el Presidente Juan Peron por decreto 10.296 del año 1951.

Mas atrás en el tiempo nos encontramos con la gloria de la batalla de Ituzaingó, librada el 20 de febrero de 1827 en lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande del Sur (en la época del combate el área estaba litigada entre Argentina y Brasil), en la cual el Ejército nacional derrotara al Imperio del Brazil. La contra partida se ubica en la guerra internacional de Caseros, ejecutada contra el Restaurador de las Leyes Juan Manuel de Rosas, en la cual el traidor general Urquiza le devolverá a los brazileros las banderas que los argentinos les habíamos arrebatado en la batalla de Ituzaingó. En esta batalla las tropas de Don Pedro II demoraron su desfile por las calles de Buenos Aires desde el día 3 hasta el 20 de febrero para poder conmemorar así con la derrota de la Confederación lo que se llamó “el desquite de Ituzaingo a los 25 años de la derrota imperial. El hecho de que desfilara el ejército de brazil el día 20 de febrero, cuando la victoria había sido obtenida el día 3 del mismo mes, no puede tener otro sentido y valor que el analizado en el presente artículo y así lo confirman los documentos históricos. El general brazilero Caxias remitió el 12 de febrero de 1852 el parte de batalla a su ministro de Guerra, Souza e Mello: “... Cúmpleme comunicar a V. E., para que lo haga llegar a S.M. el emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el 20 de febrero de 1827.” Si bien Caseros fue la batalla de la segunda guerra Argentino-Brasilera, batalla de federales contra la alianza de brasileros y traidores unitarios, la lucha de unitarios y federales no fue solo una lucha interna sino que en ella se jugaba también la política de dominación inglesa en el Río de La Plata (7).

Lo enumerado constituye simplemente un muestrario que resulta necesario profundizar, pero que sin embargo permite observar con claridad la existencia de una mano invisible – el suscripto está convencido de que se trata de una inglesa – que digita los movimientos de los enemigos del país en orden a lograr con la eliminación de la figura del Estado - Nación, el sometimiento al rol de proveedor de materias primas y recursos energéticos, con el consiguiente latrocinio. tó al brasileño

COMO ENFRENTARLO.

Si como hemos dicho el enemigo busca desintegrar los principios que conforman la nacionalidad, nuestra posición debe centrarse en preservar los lazos de unión que nos vinculan respetando y defendiendo los símbolos patrios, recordando y revalorizando como corresponde nuestros hitos y momentos históricos, dentro de los cuales la recuperación de las fechas patrias constituyen un punto fundamental. De allí que una muestra de lo que corresponde hacer pueda encontrarse en la recuperación de la Vuelta de Obligado como hito histórico de nuestra Nación. Persistiendo en dicho camino tendremos, sino asegurada la victoria, al menos una herramienta esencial para dar la batalla por la descolonización cultural.


(2) Le dan un significado a la palabra Patria, que se construye a partir de ejes definidos: el origen de nuestros antepasados (12 de Octubre), el nacimiento de la Nación (25 de Mayo y 9 de Julio), el respeto a los próceres que participaron de las gestas (San Martín, Belgrano) y la defensa de los símbolos que nos representan, como el Himno y la Bandera.
(3) http://secyt.presi.unlp.edu.ar//cyt_htm/ebec07/pdf/costa.pdf
(4) Jean Marie Domenach, La propaganda política.
(5) Domenach, op. Cit. Pág. 85.
(6) Es que el ya aludido artículo 1º del decreto 2184/90 consideraba, a los fines de la norma, servicios esenciales a "aquellos cuya interrupción total o parcial pueda poner en peligro la vida, la salud, la libertad o la seguridad, de parte de la población o de las personas". Esta amplia conceptualización vino acompañada de una enumeración. Así, el precepto consideraba, en particular, servicios esenciales: a) los servicios sanitarios y hospitalarios; b) el transporte; c) la producción y la distribución de agua potable, energía eléctrica, gas y otros combustibles; d) los servicios de telecomunicaciones; e) la educación primaria, secundaria, terciaria y universitaria; f) la administración de justicia, a requerimiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pero, además, el inciso g) del artículo 1º, como si fuera un caso particular, contempló la extensión temporal como factor calificante. Dispuso, pues, que sería aplicable la facultad estatal cuando "…la extensión, duración u oportunidad de la interrupción del servicio o actividad pudiera poner en peligro la vida, la salud, la libertad o la seguridad de toda la comunidad o parte de ella…". Es visible que el criterio adoptado por el Poder Ejecutivo Nacional en 1990 desborda, por varias orillas, la definición acuñada por la OIT, con lo que, amén del recorte que implicaba para la autonomía sindical, la norma nacional no concordaba con las reglas internacionales que fueron incorporadas a nuestra legislación general. Miguel A. Maza. http://www.legalmania.com/derecho/reforma_laboral.htm
(7) http://www.lagazeta.com.ar/caseros.htm












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